ARTÍCULO DEL MES

AGOSTO 2008

Para dar inicio a esta nueva sección de la Biblioteca de Psicología hemos elegido un artículo de la Lic. María Bernarda Romero, miembro de nuestro grupo desde el año 2004.

Adicción Sexual y trastornos depresivos 

*Publicado en Revista PERSONA Volumen VII- Number 1  (2007)  ww.iaepd.com.ar

Lic.María Bernarda Romero

Psicóloga Clinica - Sexóloga Clínica.

Email: marber58@yahoo.com.ar

 I-INTRODUCCION

 Solamente pocas décadas atrás el comportamiento sexual compulsivo, fue visto primariamente como una cuestión de valores y carácter. No había una conceptualización del término “adicción sexual o compulsión sexual”, como un trastorno. El sexo adictivo no había emergido como un área legítima de cuestionamiento científico, a pesar de los esfuerzos de los pioneros en el tema[1]. En la década de los ochenta el campo de la adicción estaba aún enfocado en el alcoholismo y no se había integrado la droga dependencia como un componente viable para la mayor parte de los programas de tratamientos. Sugerir que el sexo podría ser parte del proceso de adicción estaba por lejos más allá de los paradigmas profesionales. Aún mucho más lejos estaba como tratar el problema.

En la actualidad encontramos una gran cantidad de literatura psicológica y médica-psiquiátrica que documenta la existencia de un comportamiento sexual compulsivo con todas las características de la adicción  como un trastorno[2].  Como consecuencia de ello,  observamos en el abordaje de su estudio, un esfuerzo de tipo transdisciplinario entre la psicología, la psiquiatría, la medicina de adicciones, la medicina de traumas, la sexología, y todos aquellos servicios que colaboran con la justicia, apuntando al entendimiento de esta patología para incluirla en programas de prevención social,  tanto para el tratamiento en abuso sexual infantil, acoso sexual, violación, prostitución y sexo anónimo.

Partiendo del paradigma que encuentra similitudes de la “Adicción/compulsión sexual” con otros trastornos adictivos tales como el alcoholismo, la droga-dependencia, trastornos en la alimentación, compras compulsivas, juego patológico y otras adicciones[3] el presente trabajo tiene como intención realizar una somera reflexión acerca de la significativa concurrencia entre este tan poco conocido trastorno y los trastornos depresivos.

 

II- DESARROLLO

 

En primera instancia, para introducirnos en el desarrollo del tema,  debemos resaltar que el con­cepto de “adicción sexual no parafílica”, listado en el DSM III R (1987) como un ejemplo de Desorden Sexual no especificado de otra forma, fue excluido del DSM IV, dado que: “…no había datos científicos que apoyaran el concepto de comporta­miento sexual que pueda ser considerado adictivo”. (Schmidt, 1992 p.254)[4]. Sin embargo, en el actual DSM IV no fue especificada ninguna definición para “adictivo” o “adicción”, lo que dejó sin aclarar qué clase de datos científicos podrían haber constituido un apoyo para el concepto de Adicción Sexual. No obstante, muchos autores e investigadores del tema aquí tratado, apoyándose en el concepto etimológico de Adicto, del latín addictus: “Dedicado, muy inclinado, apegado, devoto”[5], sumado a los criterios de diagnóstico observados clínicamente, se acercaron al concepto de trastorno adictivo[6].

Si bien “adicción sexual” no es un concepto nuevo. El término fue usado hace más de medio siglo por Fenichel (1945, p.385) y medio siglo más temprano, en 1897, por Freud (1892-1899), quien se había referido a la masturbación como la “adicción primordial” desde la cual se podrían derivar todos los otros desórdenes adictivos. Aún así, hoy en día, el concepto de ‘adicción sexual’ se encuentra cuestionado y lleva a diversos profesionales a la confusión sobre: “de qué realmente estamos hablando”,  habida cuenta de que la frase “Adicción Sexual” no es definida en el DSM IV como un trastorno.

Alineándose con el criterio de la adicción/compulsión sexual visto como un trastorno adictivo, Goodman (1997), entre otros, propuso una simple definición de adicción, que facilita los diagnósticos preliminares de un desorden adictivo. Para él, la adicción es definida como una condición en la cual un comportamiento -que puede funcionar para producir placer y aliviar sentimientos dolorosos-, es empleado en un patrón que está caracterizado por dos rasgos claves:

 1) Recurrente falla en el control del comportamiento.

 2) Continuidad del comportamiento a pesar de las consecuencias sig­nifi­cativamente destructivas.

 “Recurrente falla para el control”  quiere decir que las personas adictas no pierden invariablemente el control cuando se comprometen en el comportamiento, sino que sus predicciones acerca de que ellos pueden permanecer en control han sido repetidamente probadas como no confiables.

              Goodman, A. (1997), define entonces a la adicción sexual como: “…… una forma de comportamiento sexual cuyo patrón característico es la falla en el control del comportamiento sexual, a pesar de las consecuencias significativamente destructoras para la persona que la padece y para los demás...” [7]

Para Goodman (1998), entonces  “adicción sexual” es la designación más apropiada para el síndrome de comportamiento sexual que estamos considerando. Sin dejar de considerar que agrupar este síndrome con las adicciones a las sustancias es también ampliamente, por sus similitudes fenomenológicas, por otros autores como Oxford, J. (1978) quién observó  que las descripciones subjetivas de pacientes con síndrome de comportamiento sexual compulsivo son cualitativamente similares a las de los pacientes adictos a las drogas. Goodman, A. (1995a) expandió las observaciones de Orford y notó un número de otras características compartidas por la adicción sexual y la adicción a sustancias. Estas características incluyen:

 1) curso característico: el desorden típicamente comienza en la adolescencia o en la adultez temprana y sigue un curso crónico con reminiscencias y exarcerbaciones,

2) características de comportamiento: continuación a pesar de las consecuencias dañinas,

3) experiencias subjetivas de la persona: preocupación, excitación durante la preparación de la actividad, ansiedad, alteración del humor por efecto del comportamiento, sentido de pérdida de control,

4) desarrollo progresivo: ansiedad, pérdida de control,

5) experiencia de tolerancia: dado que el comportamiento se repite, su potencia para producir efectos de refuerzo positivo tienden a disminuir,

6) experiencia del fenómeno de abstinencia: disconformidad psicológica y/o física cuando el comportamiento se discontinúa,

7) tendencia a la recaída, esto es, retornar a los patrones destructores del comportamiento después de haber logrado un periodo de abstinencia o control,

8) relación entre la condición y otros aspectos afectados en la vida de las personas: por ejemplo, actuar en forma negligente en otros aspectos de la vida dándole prioridad al este comportamiento inadecuado,

9) temas recurrentes sobre la forma en que estos individuos se relacionan con otros y con ellos mismos, incluyendo autoestima, ser el propio centro, negación, racionalización y conflictos sobre la dependencia y el control y

10) Significativamente, el reconocimiento de lo más sobresaliente de la adicción: la vehemencia, anhelos, ansiedad, pérdida de control, tolerancia y abstinencia, caracterizan a la adicción sexual como así también a la adicción a las sustancias.

 

ADICCIONES CONCURRENTES

 

Si bien lo desarrollado hasta aquí se ha basado prioritariamente en las investigaciones realizadas por Goodman, A. (1997) para su tesis doctoral, debemos destacar también a los pioneros en la investigación empírica cuyo concepto de adicción sexual fue elaborado mucho antes de lo hipotetizado y profundizado por Goodman, como es el caso de Patrick Carnes (1983), Coleman, E. (1986), Anthony, D.T. & Hollander, E. (1993), quienes observaron en la clínica que la actividad sexual actúa como un modo de enaltecer o alterar el estado de ánimo.

Schneider & Irons (1997) también realizaron su aporte, determinando que esta patología muestra una fuerte asociación con otros procesos de adicciones tales como el juego y la comida, entre otros.

En el desarrollo de esta asociación, Carnes y Schneider (2000) observaron en los siguientes patrones una similitud de la adicción sexual con el alcoholismo y la adicción a la droga, como así también con el juego compulsivo.

1.           Una pérdida de control, exhibida en un persistente deseo o en esfuerzos no exitosos para controlarse o detener el comportamiento,

2.           Una continuación del comportamiento a pesar de  consecuencias adversas tales como arrestos, matrimonios rotos, problemas financieros,  etc.,

3.           Y una obsesión o preocupación  por seguir manteniendo su comportamiento adictivo aún a sabiendas del daño que representa para sí mismo y para otros.

 

Y concluyeron que cuando la problemática del comportamiento sexual llena estos tres criterios, puede llegar a considerarse la probable existencia de un proceso de adicción sexual.

En un estudio realizado durante los años 1991, 1996 y 1998 observaron que las adicciones sexuales y las adicciones a sustancias tienden a coexistir.  La siguiente tabla resume lo observado por Carnes y Schneider y está basada en adictos sexuales en proceso de recuperación, habiéndose  realizado en forma anónima.

Carnes investigó a 289 adictos en 1991. Estos se encontraban dentro del programa de recuperación de los 12 pasos[8] al igual que los 75 investigados por Schneider en 1996 y los 82 adictos dentro de terapias directas, analizados también por Schneider en 1998. De todas ellas surge  la siguiente:

 

TABLA I

Adicciones concurrentes entre adictos sexuales en proceso de recuperación

 

Carnes, (1991)

Schneider, (1996)

Schneider ,(1998)

Adicciones

(N=289)

(N=75)

(N=82)

Desorden en el uso de sustancias

42%

39%

45%

Desorden en las comidas

38%

32%

10%

Compras compulsivas

26%

13%

9%

Juego compulsivo

5%

4%

5%

Otras adicciones

17%

17%

34%

 

Las tres investigaciones realizadas produjeron similares descubrimientos: una gran mayoría de adictos al sexo dio cuenta de, al menos, una o más adicciones coexistentes.  A similares conclusiones arribaron otros investigadores como Coleman (1987), Wastson (1989) y  Irons & Schneider (1994).

 

PREVALENCIA DE TRASTORNOS DEPRESIVOS EN LA POBLACIÓN CON TRASTORNOS ADICTIVOS

 

Interesantes estudios han encontrado que el alcoholismo, el uso adictivo de drogas, la bulimia,  el juego patológico, conductas parafilicas y la adicción sexual  están todos asociados con frecuencias a desordenes afectivos, ansiedad, déficit atencional y desordenes en la personalidad, siendo estos mucho más frecuentes que en la población en general.

 

Desordenes afectivos (prioritariamente depresión mayor) en:

 

a- Alcoholismo (Powell et al 1982, Weiss y Rosenberg 1985, Ross et al 1988, Regier et al 1990, Costeen et al 1991)

 

b- Uso adictivo de drogas  (Hesselbrock et al 1985, Khantzian y Treece 1985, Regier et al 1990, Costeen et al 1991)

 

c- Bulimia ( Hudson, Pope, Jonas, y Yurgelun-Todd 1983, Bulik 1987, Hudson, Pope, Jonas y Yurgelun-Todd 1987)

 

d- Juego Patologico ( Dell Ruzicka y Palisi 1981, McCormick et al 1984, Ramírez et al 1984, Roy et al 1988)

 

e- Adicción Sexual (T N Wise, 1989, Chalkley y Powell 1983, Fagan, Wisen, Schnidt, Ponticas y Marshall, 1991, Kafka y Prentky 1992, 1994, Kruesi et al 1992.)

 

Kafka y Prentky en 1992 estudiaron un grupo de 20 hombres, 10 diagnosticados con parafilias y 10 con adicción sexual no parafilico  y reportaron que 19 de 20 (95%) se ajustaron al diagnostico de distimia y 11 de 20, (55%) se ajustaron al criterio de depresión mayor. Un amplio estudio de Kafka y Prentky en 1994 encontraron que el 41%, es decir: 14 de 34 hombres parafilicos sufrían de depresión mayor, el 68% (23) sufrían algún tipo de distimia y el 47% (16) sufrían de desordenes de ansiedad (fobia social en 21%, ansiedad generalizada en 18%,  OCD en 12% y desordenes de pánico el 12%). Mientras tanto, el mismo estudio encontró que el 62% (16) de 26 hombres con adicciones sexuales no parafilicas sufrían de depresión mayor, el 62% sufrían de distimia, y 46 %(12) sufrían de desorden de ansiedad (fobia social en 47% ansiedad generalizada en 12% OCD en 12% y desorden de pánico en 8%).

En publicaciones recientes, Weis, D (2004), destaca la prevalencia de  un 28% de depresión entre hombres adictos sexuales por sobre 12% hombres depresivos en la población general (que cumplían con algunos de los criterios reportados en el Manual de diagnósticos estadísticos -DSM-IV). Esta muestra fue realizada entre 418 participantes, hombres residentes en Estados Unidos, de los cuales 220 cumplían los criterios para calificarlos como adictos sexuales, según la escala de inventario de adicción sexual  (SAST, Sexual Addiction Screening Test)[9],  a quienes se le aplicó la escala de depresión de Beck (BDI, Beck Depresión Inventory)[10]. En ambas escalas, fueron considerados adictos sexuales al responder a 14 o más preguntas en el SAST (con 25 items)  y, fueron considerados depresivos al responder a 14 o más preguntas en el BDI (con 21 items).

De estos estudios lo que surgió, como lo más relevante,  fue que el porcentaje de depresión fue mayor en aquellos participantes que no recibían tratamiento para su adicción sexual, que en aquellos que si lo recibían.

Otros estudios realizados en años anteriores arribaron a similares conclusiones. Austin (1997), estudiando 22 heterosexuales y 19 homosexuales compulsivos sexuales, encontró una escala más alta en el BDI en comparación con la misma población no compulsiva sexual y Meadows (2002) encontró una positiva correlación entre la escala de SAST y la escala del BDI.

Si bien las muestras no son significativas, dado que no se cuentan con estadísticas de la población adicta sexual. Sería interesante considerar para posteriores estudios y para la clínica en general de quienes trabajan con pacientes adictos sexuales la significativa concurrencia entre adicción sexual y trastornos depresivos. Y además si un clínico puede evaluar la depresión como una condición comórbida entre adictos sexuales, podría también evaluar que cuanto mayor sea la recuperación del adicto o cuanto más, el mismo, este comprometido en el proceso de recuperación menor podría llegar a ser el porcentaje de depresión.

Futuros estudios que incluyan investigaciones sobre la adicción sexual, visto como un trastorno adictivo, tal vez podría dar luz al por qué de esta significativa correlación. ¿Será por el alto porcentaje de abusos sexuales sufridos por los adictos sexuales, la vergüenza extrema en que viven, las disfunciones en la familia de origen o por un posible disbalance químico?  Ya sea por una causa o por otra o por las tres, su significativa correlación amerita profundizar más en su estudio.

 

RESULTADOS NEUROBIOLOGICOS

 

Según lo desarrollado por Goodman (1997) diferentes investigaciones indicaron que el alcoholismo, el uso adictivo de otras drogas, la bulimia, el juego patológico y la adicción sexual responden similarmente a la medicación antidepresiva. Los antidepresivos, particularmente aquellos que afectan el sistema de serotonina, se encontró que reducen el deseo o el comportamiento sintomático en todos estos desordenes:

 

1.                  Alcoholismo (Naranjo, Sellars, y Lawrin, 1986, Gorelick, 1989; Naranjo y Sellars, 1989; Gorelick y Paredes, 1992;  Slywka y Hart, 1993);

2.                  El uso adictivo de otras drogas ( Gawin, Kleber,  Byck, Rounsaville, Kosten, Jatlow, y  Morgan, 1989; Batki, Manfredi, Sorensen, Jacob,  Dumontet y Jones, 1991; Pollack y Rosenbaum, 1991);

3.                  Bulimia (Pope y Hudson, 1986; Edelstein,  Yager, Gitlin y Landsverk 1989; Walsh Hadigan, Devlin, Gladis y Roose, 1991; Grupo de colaboración para el  estudio de fluoxetine en  la bulimia nerviosa, 1992);

4.                  Juego patológico ( Moskowitz, 1989; McCormick et al., 1984; Hollander, Frenkel Decaria, Trungold y Stein, 1992;

5.                  Adicción Sexual ( Kafka y Prentky, 1992; Stein et al 1992, Kruesi et al., 1992; entre otros).

 

 De acuerdo a lo expresado por Guerra García (2000) las hipótesis bioquímicas en los trastornos depresivos, particularmente la de los neurotransmisores, evolucionaron a partir de las observaciones clínicas que relacionaron la administración de un fármaco, la reserpina, con la aparición de síntomas depresivos. La reserpina producía depleción (disminución) de sustancias cerebrales neurotransmisoras como la noradrenalina. La función de los neurotransmisores consiste en establecer un código de señales eléctrico y bioquímico al ser segregados por una neurona e interaccionar con las neuronas adyacentes, en cuyas membranas hay receptores para estos neurotransmisores. Este código está determinado genéticamente pero puede variar en función de variables externas. En el hombre se han descrito diversas enfermedades que derivan de una alteración en este código, conocido como neurotransmisión. La esquizofrenia y la depresión se consideran en la actualidad día enfermedades de la neurotransmisión. Existen estudios que investigan la genética de los trastornos depresivos e investigan las variantes de los genes que codifican para estos neurotransmisores. El papel exacto de los neurotransmisores está sujeto a debate constante.

Los investigadores y los médicos inicialmente se centraron en la hipótesis de que una concentración baja de neurotransmisores y, por tanto, un déficit en la neurotransmisión produce depresión. Los neurotransmisores más estudiados han sido la noradrenalina, la serotonina y la dopamina, basándose en que el efecto de muchos fármacos antidepresivos pasa por una modificación en estos neurotransmisores o sus receptores. Los esfuerzos realizados para identificar anomalías bioquímicas consistentes en los pacientes con trastornos del estado de ánimo sólo han tenido un éxito parcial. Entre estos esfuerzos están la determinación en diferentes fluidos corporales (sangre, orina, líquido cefalorraquídeo) de los estos neurotransmisores y sus metabolitos (compuestos producidos tras el paso de estas sustancias por puntos del organismo -el hígado- donde se transforman).

Se han encontrado argumentos que hacen esta teoría incompleta para explicar los trastornos depresivos, debido que no existe una sola explicación para todas las depresiones. Parte de la investigación ha estado muy centrada posteriormente en el estudio del funcionamiento de los receptores y los subtipos de éstos, detectándose variaciones en su funcionamiento, como puede ser el que aumente su densidad en la membrana de la neurona o que estén más o menos sensibles al efecto de los neurotransmisores. Los receptores son también responsables de la transmisión de la señal eléctrica. También se ha observado que varios tipos de antidepresivos y la terapia electroconvulsiva (electroshock) producen este efecto de disminuir la densidad de receptores en la membrana. Lo mismo que para la teoría anterior se ve que no vale para explicar todos los casos. Se sugiere, en general, que el efecto de los antidepresivos pasaría a través de la estimulación de la neurotransmisión de la serotonina, más que la adrenalina. A todo ello hay que decir que los sistemas de neurotransmisión en el cerebro no funcionan de forma independiente entre sí y esto le añade mucha complejidad a la investigación de las alteraciones bioquímicas en las depresiones. Finalmente, la serotonina y la noradrenalina son sólo dos de los muchos neurotransmisores y neuromoduladores que existen en el cerebro.

 

Centrándonos particularmente en la correlación entre el proceso adictivo sexual y la depresión, investigaciones acerca de las formulaciones neurobiológicas del proceso adictivo encontraron también en los adictos sexuales, disfunciones en sus sistemas de liberación de: a) noradrenalina, b) serotonina, c) dopamina y disfunción en el sistema endógeno opioide.

 

a) El Sistema De La Noradrenalina

 La Noradrenalina (NA): se localiza en Corteza Cerebral, Cerebro, Médula, Neocorteza, Sistema Límbico y Mesencéfalo. Tiene que ver con la atención, la conciencia, los fenómenos del despertar, el Alerta. Es el Sistema Neuroreticular el que se encarga de que el sujeto pase del sueño a la vigilia. Para eso se requiere este Neurotransmisor. Interviene en al Aprendizaje. Si hay desatención, no hay aprendizaje. La actividad de este sistema está asociada con la regulación de los afectos y la capacidad para manejar el estrés emocional y la hipersensibilidad de los receptores pos-sinápticos a la noradrenalina, particularmente en el sistema límbico que puede resultar de la sobreactividad del sistema de respuesta al estrés.

El sistema límbico es más susceptible a la sensibilidad neuro-afectiva en los periodos críticos de los primeros años de vida, durante los cuales el desarrollo del cerebro es más sensible a las influencias del medio ambiente. La sobreactividad del sistema de respuestas al estrés resulta de la interacción entre las vulnerabilidades genéticas, factores estresantes que pueden ser externos (tal como el frío o ruidos altos) o internos (tal como el hambre o la ansiedad), y las fallas del primer cuidador para modular suficientemente el estrés, al cual el infante está sujeto. No habiéndose todavía desarrollado su autonomía en la regulación de estados psicológicos-afectivos, los infantes dependen de sus cuidadores para que les provean tal regulación.

Las dimensiones neuroquímicas no son ajenas a este constante devenir entre el ambiente socio-familiar y el niño. Esto nos remite a la plasticidad neuronal considerándola desde el funcionamiento, la estructuración y su sistematización como lo necesario para su recuperación. Recuperación que puede darse si no existe esta dialéctica. Es necesario no sólo un sistema nervioso que responda a estos estímulos que vienen del medio, sino también una función materna que sostenga un vínculo y que permita que el infante se desarrolle.

Las estimulaciones tempranas son las acciones tendientes a proporcionar al niño las experiencias que éste necesite desde su nacimiento para desarrollar al máximo su potencial bio-psico-cognitivo. (Risueño, 2000)

Esto requiere de condiciones y estrategias adecuadas para alcanzar su objetivo. “Estimular a un niño pequeño significa brindarle el alimento funcional necesario para el desarrollo de la actividad. Todo objeto, palabra, acción o actitud capaz de ser asimilada por el bebé es para él un estímulo. Si es asimilado, podrá acomodarse a él, y esa doble función asimilación-acomodación lo ayudará en su proceso de adaptación” (Coriat, 1985).

“La provisión óptima de la regulación psicológica-afectiva de parte del cuidador primario facilita la eliminación de sinapsis superflua y el crecimiento de conexiones neuronales, que proveerán el sustrato neurobiológico para el desarrollo de las funciones de autorregulación del infante” (Schore, 1994). Cuando el cuidador provee la regulación en forma inadecuada o deficiente, el sistema de respuesta al estrés del infante puede ser fácilmente sobre estimulado. Reaccionando más intensamente a los estresantes del medio ambiente, tal como las separaciones, las pérdidas y las heridas narcisistas (heridas hacia la autoestima o el sentido del self), vulnerable a la amenaza de ser abrumado por el estrés con más frecuencia y más intensamente que individuos con sistemas de noradrenalina en valores normales.

Los infantes aprenden a adoptar comportamientos defensivos que proveen alivio a esta desregulación afectiva abrumadora, en consecuencia estarían más predispuestos a desarrollar patrones adictivos de compromiso en comportamientos que liberan dolor emocional. 

 

b) El Sistema De Serotonina

La Serotonina: en el Cerebro la encontramos en: Mesencéfalo, Núcleo del Rafe, Sistema Límbico y Ganglios de la Base del Cerebro. Participa en la consolidación de la Memoria (Hipocampo). Se ha confirmado por diversas investigaciones que la serotonina es una de las pocas aminas biógenas que se encuentran en cantidad en aquellos lugares del cerebro que dirigen el estado de ánimo y el afecto; determinados medicamentos y drogas actúan disminuyendo el sueño, otros provocan euforia. Se encontró que mediante esas drogas se induce un cambio en el contenido de serotonina, que es la base de los fenómenos acompañantes en la aparición de un cambio en el estado de ánimo.

La disfunción del sistema de serotonina probablemente sea asociada con el deterioro en la modulación del apetito, deterioro en la estabilidad emocional y en la inhibición de los comportamientos. Los niveles sub-normales de serotonina parecen estar relacionados con un deterioro general de la regulación de los afectos, resultando en irritabilidad, hipersensibilidad y propensión a sentirse abrumado por estados emocionales intensos. Los estados crónicos de desregulación afectiva, pueden resultar en depresión, tal vez por medio del distrés crónico, la consecuente sobreactividad del sistema de estrés noradrenérgico-CRH[11], sumado al abandono primario aprendido, podrían servir para impedir o posponer el episodio depresivo. Debido a esto, la serotonina, en sus niveles altos, confiere una sensación de placer y bienestar, en tanto sus niveles disminuidos ocasionan angustia.  

 

c) El Sistema Endógeno Opioide Y El De Dopamina

La Dopamina: la encontramos a nivel de Locus Niger o Sustancia Nigra en el Mesencéfalo. También en Neo Corteza Prefrontal y Frontal y en Hipotálamo, tiene actividades psicomotoras, controla la motilidad voluntaria. El aumento de Dopamina produce un crecimiento de la actividad psicomotora y además hiperactividad psíquica.

Tanto el sistema endógeno opioide, como el dopaminérgico son componentes del sistema de premios o reconocimientos del cerebro. La actividad básica baja, en ambos sistemas, puede estar asociada con la anhedonia y la disforia, que podrían motivar a los infantes comprometerse en comportamientos que evoquen la liberación de los neuro-moduladores o que estimulen sus receptores. La supersensibilidad de los receptores post-sinápticos, como resultado de una actividad básica baja, en el caso de la dopamina y también en el caso de los receptores opioides, podría producir una mayor respuesta del sistema de reconocimientos o premios del cerebro (refuerzo positivo) y la liberación del dolor o el estrés (refuerzo negativo). El sistema endógeno opioide y el sistema de la dopamina podrían así contribuir al proceso adictivo. También los opioides endógenos parecen estar involucrados en la regulación de la alimentación en general, del estrés y del comportamiento sexual y del comportamiento defensivo y las emociones.

El patrón de la actividad básica baja dopaminérgica y la supersensibilidad de los receptores post-sinápticos de la dopamina en las regiones del meso-limbo, también llevan a una mayor tendencia a perder el control de los comportamientos después de ocurridos, incrementando la concentración intra-sináptica de la dopamina. El incremento de dicha concentración incluye los comportamientos que caracterizan todos los desórdenes adictivos. 

Si bien lo que se ha desarrollado fueron los resultados neurobiológicos, no debemos dejar de considerar que la participación conjunta de las siguientes condiciones determinan los estados afectivos, como así también a los trastornos adictivos:

 

1- Vulnerabilidad biológica

2- Historia personal del paciente

3- Desencadenantes psicosociales

4- Condición fisiológica general

5- Rasgos y organización de la personalidad

 

Posteriores estudios que profundicen aún más las adicciones sexuales como un trastorno adictivo, podrían darnos, tal vez,  más luz a esta hipotetizada correlación.

 

III- CONCLUSIÓN

 

Varias son las limitaciones con que nos encontramos en la actualidad, para aseverar la exacta correlación entre los trastornos adictivos y los trastornos depresivos. En primer lugar, diversas pueden ser las causas de la etiología de uno u otro trastorno. Aunque ambos puedan tener puntos en común. En segundo lugar, la escasa muestra utilizada de potenciales adictos sexuales, podría no ser relevante o determinante para arribar a una conclusión certera.

La tercera limitación es que aún la adicción/compulsión sexual, no esta visto como un trastorno adictivo, dado que su diagnostico aún no esta integrado al actual DSM-IV. Aunque vigentes investigaciones están actualmente revisándolo para la próxima actualización de dicho manual.

Como cuarta limitación debemos considerar que además el instrumento utilizado para considerar a posibles adictos sexuales, el SAST[12], fue utilizado en las investigaciones mencionadas solo en la población masculina norteamericana, exceptuándose la femenina.

Pero a pesar de todas estas limitaciones, debemos resaltar como conclusión: que podría haber una significativa correlación entre las disfunciones neurobiológicas entre ambos trastornos, como así también una prevalencia de adictos sexuales con trastornos depresivos por sobre la población general con trastornos depresivos. Y además destacar la importancia de la posibilidad de que a mayor proceso de recuperación menor pueda ser el proceso depresivo.

Por último, no debemos dejar de considerar la relevancia que dichas investigaciones tienen,  para futuros diagnósticos diferenciales. Debido a que no es muy común que una persona consulte por adicción sexual, pero si nos encontramos cotidianamente en la clínica con trastornos depresivos.

  

ANEXO I

SAST SCORE (SEXUAL ADDICTION SCREENING TEST)[13]

(TEST DE DETECCIÓN DE ADICCIÓN SEXUAL)

 

1.       ¿Fue abusado de niño o adolescente?

2.       ¿Se suscribió o compró regularmente revistas sexualmente explícitas  como “Playboy” o “Penthouse”?

3.       ¿Siente que su comportamiento sexual no es normal?

4.       ¿Se siente a menudo preocupado por sus pensamientos sexuales?

5.       ¿Tuvieron sus padres problemas con su propio comportamiento sexual?

6.       ¿Alguna vez su esposo/a, parejas u otras personas íntimas se preocuparon o se quejaron por su comportamiento sexual?

7.       ¿Tiene problemas para detener su comportamiento sexual cuando considera que es inapropiado?

8.       ¿Alguna vez se siente mal por tu comportamiento sexual?

9.       ¿Alguna vez su comportamiento sexual le ha creado problemas a Ud. O su familia?

10.   ¿Alguna vez buscó ayuda por comportamientos sexuales que no le gustaron?

11.   ¿Alguna vez le preocupó que alguien pudiese descubrir su comportamiento sexual?

12.   ¿Hirió emocionalmente a alguien a causa de su comportamiento sexual?

13.   ¿Están algunas de sus actividades sexuales en contra de la ley?

14.   ¿Se ha hecho promesas a Ud. mismo de abandonar algún aspecto de su comportamiento sexual?

15.   ¿Hizo esfuerzos por eliminar algún tipo de actividad sexual y fracasó?

16.   ¿Esconde algo de su comportamiento sexual a otros?

17.   ¿ Intentó detener  algún comportamiento sexual?

18.   ¿Alguna vez se sintió degradado por su comportamiento sexual?

19.   ¿Ha sido el sexo un escape de sus problemas?

20.   ¿Se siente deprimido después de tener relaciones sexuales?

21.   ¿Ha sentido la necesidad de discontinuar una cierta forma de actividad sexual?

22.   ¿Ha interferido su actividad sexual con su vida familiar?

23.   ¿Ha tenido encuentros sexuales con menores?

24.   ¿Te sentís controlado por su deseo sexual?

25.   ¿Pensó alguna vez que su deseo sexual es más fuerte que Ud. Mismo?

  

ANEXO II

INVENTARIO DE DEPRESIÓN DE BECK[14]

Ítems 1.

1. No me siento triste.

2. Me siento triste.

3. Me siento siempre triste y no puedo salir de mi tristeza.

4. Estoy tan triste y infeliz que no puedo soportarlo. 

 

Ítems 2.

1. No me siento especialmente desanimado ante el futuro.

2. Me siento desanimado con respecto al futuro.

3. Siento que no tengo nada que esperar.

4. Siento que en el futuro no hay esperanza y que las cosas no pueden mejorar. 

 

Ítems 3.

1. No creo que sea un fracaso.

2. Creo que he fracasado más que cualquier persona normal.

3. Al recordar mi vida pasada, todo lo que puedo ver es un montón de fracasos.

4. Creo que soy un fracaso absoluto como persona.

 

Ítems 4.

1. Obtengo tanta satisfacción de las cosas como la que solía obtener antes.

2. No disfruto de las cosas de la manera en que solía hacerlo.

3. Ya no tengo verdadero satisfacción de nada.

4. Estoy insatisfecho o aburrido de todo. 

 

Ítems 5.

1. No me siento especialmente culpable.

2. No me siento culpable una buena parte del tiempo.

3. Me siento culpable casi siempre.

4. Me siento culpable siempre. 

 

Ítems 6.

1. No creo que este siendo castigado.

2. Creo que puedo ser castigado.

3. Espero ser castigado.

4. Creo que estoy siendo castigado. 

 

Ítems 7.

1. No me siento decepcionado de mí mismo.

2. Me he decepcionado a mí mismo.

3. Estoy disgustado conmigo mismo.

4. Me odio. 

 

Ítems 8.

1. No creo ser peor que los demás.

2. Me critico por mis debilidades o errores.

3. Me culpo siempre por mis errores.

4. Me culpo de todo lo malo que sucede. 

 

Ítems 9.

1. No pienso en matarme.

2. Pienso en matarme, pero no lo haría.

3. Me gustaría matarme.

4. Me mataría si tuviera la oportunidad.

 

Ítems 10.

1. No lloro más de lo de costumbre.

2. Ahora lloro más de lo que lo solía hacer.

3. Ahora lloro todo el tiempo.

4. Solía poder llorar, pero ahora no puedo llorar aunque quiera. 

 

Ítems 11.

1. Las cosas no me irritan más que de costumbre.

2. Las cosas me irritan más que de costumbre

3. Estoy bastante irritado o enfadado una buena parte del tiempo.

4. Ahora me siento irritado todo el tiempo.

 

Ítems 12.

1. No he perdido el interés por otras cosas.

2. Estoy menos interesado en otras personas que de costumbre.

3. He perdido casi todo el interés por otras personas.

4. He perdido todo mi interés por otras personas. 

Ítems 13.

1. Tomo decisiones casi siempre.

2. Postergo la adopción de decisiones más que de costumbre.

3. Tengo mas dificultad para tomar decisiones que antes.

4. Ya no puedo tomar decisiones. 

 

Ítems 14.

1. No creo que mi aspecto sea peor que de costumbre.

2. Me preocupa el hecho de parecer viejo sin atractivos.

3. Tengo que obligarme seriamente con mi aspecto, y parezco poco atractivo.

4. Creo que me veo feo. 

 

Ítems 15.

1. Puedo trabajar tan bien como antes.

2. Me cuesta mas esfuerzo empezar a hacer algo.

3. Tengo que obligarme seriamente para hacer cualquier cosa.

4. No puedo trabajar en absoluto. 

 

Ítems 16.

1. Puedo dormir tan bien como antes.

2. No puedo dormir tan bien como solía.

3. Me despierto una o dos horas mas temprano que de costumbre y me cuesta mucho volver a dormir.

4. Me despierto varias horas antes de lo que solía y no puedo volver a dormir. 

 

Ítems 17.

1. No me canso más que de costumbre.

2. Me canso mas fácilmente que de costumbre.

3. Me canso sin hacer nada.

4. Estoy demasiado cansado como para hacer algo. 

 

Ítems 18.

1. Mi apetito no es peor que de costumbre.

2. Mi apetito no es tan bueno como solía ser.

3. Mi apetito esta mucho peor ahora.

4. Ya no tengo apetito. 

 

 

Ítems 19.

1. No he perdido mucho peso, si es que he perdido algo, últimamente.

2. He rebajado más de dos kilos y medio.

3. He rebajado más de cinco kilos.

4. He rebajado más de siete kilos y medio. 

 

Ítems 20.

1. No me preocupo por mi salud más que de costumbre.

2. Estoy preocupado por problemas físicos como, por ejemplo, dolores, molestias

estomacales o estreñimiento.

3. Estoy preocupado por mis problemas físicos y me resulta difícil pensar en otra cosa.

4. Estoy tan preocupado por mis problemas físicos que no puedo pensar en ninguna otra cosa. 

 

Ítems 21.

1. No he notado cambio alguno reciente en mi interés por el sexo.

2. Estoy menos interesado en el sexo de lo que solía estar.

3. Ahora estoy mucho menos interesado en el sexo.

4. He perdido por completo el interés en el sexo.

 

 

IV- BIBLIOGRAFÍA

 

 

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[1] Carnes, P (1983, 1989, 1991a, 2002), Coleman, E. (1986, 1987, 1992), Cooper, A. Delmonico, D.L. & Burg, R. (2000), Gold, S. N. & Siefer, R. (2004) Goodman, A. (1990, 1992. 1995a, 1998), Schmidt, C. (1992), Schneider, J. & Irons, R. (1997).

[2] Ibid. 1

[3] Ibid. 1

[4] Schmidt, C. W. (1992), Changes in terminology for sexual disorders in DSM-IV. Psychiatry  Medical. Department of Psychiatry  de Francis Scott Key Medical Center, Baltimore, Maryland; 10(2):247-255.

[5] Adicto/A. (del latín Addictus), Diccionario de la lengua española. Vigésima segunda edición

[6] Ibid. 1. pág. 1

[7] Goodman, A. (1990, 1995a, p. 44, 1997 p.17, 1998)

[8](Carnes, 1991; SCA, 1995 ; Parker & Guest, 1999; S.A.A 1997, 2000)

[9] Ver anexo I. SAST.-Carnes 1989. Disponible en 3 versiones, heterosexuales, mujeres y hombres homosexuales sitio web. http://www.sexhelp.com

[10] Ver anexo II. Beck, Aaron T., Steer, Robert A., Brown, Gregory K.  BDI-II- Inventario De Depresión De Beck     Editorial: Paidós

 

[11] La CRH es una hormona producida en el cerebro (hipotálamo) que estimula también a nivel cerebral (hipófisis) de otra hormona, la corticotropina (ACTH), que estimula las glándulas suprarrenales para que produzcan el cortisol que circula en la sangre.

[12] Ibid. 10

[13] Carnes 1989. Disponible en 3 versiones, heterosexuales, mujeres y hombres homosexuales sitio web. http://www.sexhelp.com

[14] Beck, Aaron T., Steer, Robert A., Brown, Gregory K.  BDI-II- Inventario De Depresión De Beck     Editorial: Paidós