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OCTUBRE 2010
psicologia, psicoterapia breve
Juegos en los que participamos
Drama Vs. Melodrama
psicología, psicologos,
seminarios, cursos
Dr. Eduardo Cabau
ecabau@telefonica.net
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PSICOLOGIA TERAPIAS |
La vida es drama que en su sentido
más profundo, significa que ocurren cosas buenas, malas y regulares.
Los humanos, para defendernos de esa incertidumbre, generamos
melodramas, que son como pequeños juegos u obras de teatro donde el
argumento es fijo, nunca ocurre nada nuevo y los “actores” son
siempre los mismos o similares.
Uno de los
objetivos de la psicoterapia
que manejamos, es el de la movilidad de roles e ideologías.
Esto quiere decir, que conviene no olvidar que todos compramos y
vendemos, todos reímos y lloramos, todos somos víctimas y verdugos,
etc. Esa “movilidad” de roles e ideologías, es sana, nos hace
humanos y por lo tanto “dramáticos”. El problema surge cuando nos
“especializamos” en alguno de esos papeles (víctima por ejemplo).
Entonces pasamos del “drama” al “melodrama”, donde todo es estático
y reiterativo con la intención de encapsularnos en una “vidita”
cómoda y segura.
Una vez creado un determinado melodrama, de forma inconsciente
buscamos actores o “cómplices melodramáticos”, para poder
representarlo y “mantenerlo en cartel” el mayor tiempo posible.
Un melodrama muy común es el que llamo “parejas chicles”. Son esas
parejas donde en realidad nunca ocurre nada, pasan de la bronca a la
reconciliación con suma facilidad, nunca llegan a unirse o separarse
del todo. Es como si estuvieran unidas por una vara rígida de un
metro de longitud, de manera que si uno se acerca, el otro se aleja.
El “juego” es un eterno “ni contigo ni sin ti”.
Sabemos que el ser humano tiene una gran resistencia a cambiar, a
pesar de que la única constante en la vida es el cambio.
Por lo tanto, los melodramas sirven para tener la ilusión de que no
se cambia, de que se “congela” el tiempo y de que todo está bajo
control. Nuestro psiquismo necesita de esos melodramas para mantener
la ansiedad en niveles soportables.
Es como si uno va a ver por primera vez una película donde no sabe
qué pasará al final. Esa incertidumbre, le produce un cierto
malestar o ansiedad por temor a lo desconocido (drama). Pero si ha
visto la película varias veces, como ya sabe lo que va a pasar
(melodrama), la ansiedad desaparece. Como vemos, el melodrama
siempre es un juego seguro porque siempre sabemos lo que va a
pasar, pero es muy empobrecedor, porque nunca ocurre nada
nuevo. Se cambia libertad por seguridad (más vale lo malo
conocido que lo bueno por conocer).
Lo más raro en términos psicológicos, es encontrar un hombre casado
con una mujer; siempre se encuentra una madre con un hijo, dos
hermanos, un padre con una hija, un sádico con un masoquista, etc.
Es por eso que cuando haya un verdugo habrá una víctima, cuando haya
un padre habrá un hijo... son parejas complementarias y necesarias,
que “se buscan” para “calmarse” mutuamente, escenificando el
correspondiente melodrama.
Si soy un experto jugador de mús., me rodearé de “cómplices” para
jugar el juego que dómino. Si alguien me propone jugar al póker, me
negaré porque no puedo arriesgarme a la ansiedad que me produce lo
desconocido y el miedo a perder.
Sabemos que los melodramas se perpetuán gracias a los cómplices
melodramáticos que dan la réplica permitiendo que el juego continúe.
La resolución de cualquier conflicto melodramático pasa por cambiar
los “cómplices melodramáticos” por “aliados dramáticos”. Es
necesario encontrar personas sanas que no entren en el juego
cómplice que se les propone.
El primer aliado dramático debe ser el terapeuta. Este debe ayudar
al paciente a darse cuenta del “consenso cómplice” en el que se
mueve, identificando esos juegos empobrecedores y limitantes, que el
paciente de forma inconsciente, representa una y mil veces. Una vez
identificado el juego o melodrama, hay que ayudarle, mediante la
interpretación, a que vea los actores o “cómplices” de ese melodrama
en cuestión.
Posteriormente, mediante la técnica de “repetir diferenciando
para dejar de repetir” hay que mostrarle el camino para
deshacerse de esos “cómplices” y empezar a rodearse de “aliados”,
que son los que le van a ayudar a enfrentar lo nuevo y desconocido
que se llama “vida”.
En una
ficha anterior os hablé de un
hombre que iba acumulando carreras universitarias. A su melodrama le
bauticé con el nombre del “eterno adolescente”. Para poder
representarlo plenamente, necesitaba de cómplices que se lo
permitieran. En su caso los cómplices melodramáticos eran sus
padres. Estaba atrapado en no crecer y seguir siendo el eterno
adolescente. Papel que dominaba, le reforzaban sus “cómplices” y al
que era adicto.
Este paciente retrasaba su crecimiento e independencia todo lo que
podía. En definitiva: se resistía a vivir el “drama” de la vida.
Cada melodrama encierra en sí mismo uno o varios conflictos. En este
ejemplo, se vio que el conflicto nuclear era el miedo a
crecer, pero dentro de este núcleo, al menos había otros dos
conflictos, que eran el miedo a separarse de los padres y el
miedo a entrar en la vida competitiva adulta.
Por eso, es bastante habitual que en las terapias, haya que trabajar
paralelamente con los padres, hijos, novios o novias de los
pacientes. Porque en general estos, de forma inconsciente,
constituyen un “consenso cómplice” del paciente, que hay que
“debilitar” para lograr su liberación dramática.
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Dr. Eduardo Cabau
Es médico psiquiatra y psicoterapeuta,
trabaja e investiga en el
campo de las psicoterapias breves intensivas y de urgencia,
intentando sistematizar la planificación y articulación de
todo recurso terapéutico que ayude a acelerar los procesos
de cambio. Vive en Madrid, España.
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